Novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio
Noviembre es el mes de los fieles difuntos. Esta novena se reza por las almas del purgatorio —los que murieron en gracia de Dios pero necesitan purificarse antes de entrar al cielo—, para aliviar y abreviar su espera con nuestra oración, la Eucaristía y las obras de caridad. Se reza especialmente en torno al 2 de noviembre.
Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.
Oración inicial para todos los días
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Oración propia de la Novena
Padre misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante en el cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de paz y felicidad. Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de perseverancia que has concedido a las almas de los fieles difuntos.
Amable Salvador, Jesucristo. Eres el Rey de reyes en el país de la dicha. Te pido que por tu misericordia oigas mi oración y liberes las almas del Purgatorio, en particular, N... Llévalas de la prisión de las tinieblas a la luz y libertad de los hijos de Dios en el Reino de tu gloria. Amable Salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu preciosísima Sangre, salvándolas de la muerte eterna.
Dios Espíritu Santo, enciende en mí el fuego de tu divino amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio. Quiero aplicar los méritos de esta devoción en favor de toda la Iglesia Sufriente y en especial por mis difuntos padres, hermanos, hermanas, bienhechores, parientes y amigos. Atiende mi plegaria para que podamos reunirnos en el Reino de tu gloria.
Dios Espíritu Santo, te doy gracias por todos los beneficios con que has santificado, fortalecido y aliviado a estas benditas almas y en especial por consolarlas en los actuales sufrimientos con la certeza de la felicidad eterna. Que pronto se unan contigo y oigan aquellas benditas palabras que las llaman al hogar del Cielo: "¡Vengan, los Bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del Reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo" (Mt 25, 34).
Día 1
La comunión de los santos
Creemos en la comunión de los santos: los del cielo, los que peregrinamos en la tierra y los que se purifican formamos una sola familia en Cristo. La muerte no rompe ese lazo; podemos ayudar a nuestros difuntos con la oración.
Rezar por los difuntos no es nostalgia: es amor que sigue actuando. Nuestras oraciones, misas y sacrificios llegan realmente a ellos y alivian su espera hacia Dios.
Señor mío Jesucristo, que quieres que tengamos suma delicadeza de conciencia y santidad perfecta: te rogamos nos la concedas a nosotros; y a los que por no haberla tenido se están purificando en el purgatorio, te dignes aplicar nuestros sufragios y llevarlos pronto de aquellas penas al cielo. Te lo pedimos por la intercesión de tu Madre purísima y de San José.
Día 2
El purgatorio, obra de misericordia
El purgatorio no es un castigo, sino una misericordia: la purificación final de quien murió amando a Dios pero aún no del todo limpio. Es la sala de espera de los salvados, donde el amor termina de arder lo que queda de egoísmo.
Nadie entra al cielo a medias. El purgatorio es la ternura de Dios que nos prepara para verlo cara a cara. Rezar por esas almas es acompañar ese último tramo de su camino.
Señor mío Jesucristo, que eres cabeza de todos tus fieles cristianos que en ti nos unimos como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia: te suplicamos nos unas más y más contigo y que nuestras oraciones y sufragios de buenas obras aprovechen a las ánimas de nuestros hermanos del purgatorio, para que lleguen pronto a unirse a sus hermanos del cielo.
Día 3
Nuestros seres queridos difuntos
Hoy rezamos por nuestros propios difuntos: padres, abuelos, esposos, hijos, amigos que partieron. El amor que les tuvimos no termina: se transforma en oración. Seguir rezando por ellos es seguir amándolos.
Recordemos hoy sus nombres, uno por uno, y encomendémoslos a la misericordia de Dios. Ellos, a su vez, ya rezan por nosotros o rezarán desde el cielo.
Señor mío Jesucristo, que a los que pecan castigas con justicia en esta vida o en la otra: concédenos la gracia de nunca pecar y ten misericordia de los que, habiendo pecado, no pudieron, por falta de tiempo, o no quisieron, por falta de voluntad y por amor del regalo, satisfacer en ésta vida y están padeciendo ahora sus penas en el purgatorio; y a ellos y a todos llévalos pronto a su descanso.
Día 4
La Eucaristía por los difuntos
Desde los primeros siglos, la Iglesia ofrece la Misa por los difuntos. No hay ayuda mayor para las almas del purgatorio que el sacrificio de Cristo hecho presente en el altar. Mandar celebrar una Misa por un difunto es el mejor regalo que podemos hacerle.
Más que flores sobre una tumba, vale una Misa. Ofrezcamos la Eucaristía y nuestra comunión por las almas: es amor que atraviesa la muerte y llega a su destino.
Señor mío Jesucristo, que exiges la penitencia aun de los pecados veniales en este mundo o en el otro: danos temor santo de los pecados veniales y en misericordia de los que, por haberlos cometido, están ahora purificándose en el purgatorio.
Día 5
Las almas más olvidadas
Hay almas por las que ya nadie reza: los que no tienen familia, los olvidados con el paso de los años, los que murieron solos. Son las más pobres del purgatorio. Rezar por ellas es una obra de misericordia escondida y hermosa.
La tradición dice que estas almas, una vez en el cielo, no olvidan a quienes las ayudaron. Encomendemos hoy especialmente a las que no tienen a nadie que las recuerde.
Señor mío Jesucristo, que a los regalados en esta vida, que no pagaron por su culpa o no tuvieron bastante caridad con el pobre, castigas en la otra con la penitencia que aquí no hicieron: concédenos las virtudes de la mortificación y de la caridad.
Día 6
Las indulgencias de noviembre
La Iglesia ofrece en los primeros días de noviembre la posibilidad de ganar indulgencias aplicables a los difuntos: visitando un cementerio y rezando por ellos, o una iglesia el 2 de noviembre, en las condiciones habituales. Es un tesoro de misericordia para las almas.
La indulgencia no es magia: brota de la comunión de los santos y del tesoro de los méritos de Cristo. Aprovechémosla por nuestros difuntos, con corazón convertido y en gracia de Dios.
Señor mío Jesucristo, que quisiste que honrásemos a nuestros padres y parientes y distinguiésemos a nuestros amigos: te rogamos por todas las ánimas del purgatorio, pero especialmente por los padres, parientes y amigos de cuantos hacemos está novena, para que logren el descanso eterno.
Día 7
La caridad que libera
Además de la oración y la Misa, las obras de caridad y los pequeños sacrificios ofrecidos por los difuntos les aprovechan. Una limosna, un ayuno, una molestia soportada con amor, ofrecidos por las almas, alivian su espera.
Así, ayudar a los difuntos nos hace mejores a nosotros: nos empuja a la caridad y al sacrificio. El amor por los muertos se vuelve bien para los vivos.
Señor mío Jesucristo, que a los que no se preparan a tiempo para la muerte, recibiendo bien los últimos sacramentos y purificándose de los residuos de la mala vida pasada, los purificas en el purgatorio con terribles tormentos: te suplicamos, Señor, por los que murieron sin prepararse y por todos los demás, rogándote que les concedas a todos ellos la gloria y a nosotros recibir bien los últimos sacramentos.
Día 8
Recordar nuestra propia muerte
Rezar por los difuntos nos recuerda que también nosotros moriremos. No es pensamiento morboso, sino sabio: 'Enséñanos a contar nuestros días para adquirir un corazón sabio.' Prepararnos hoy es amar nuestro mañana.
Vivir pensando en la eternidad ordena la vida: relativiza lo pequeño, da importancia a lo que la tiene. Que la memoria de los difuntos nos ayude a vivir en gracia y sin cosas pendientes con Dios.
Señor mío Jesucristo, que a los que vivieron en este mundo demasiado aficionados a los bienes terrenales y olvidados de la gloria, los retienes apartados del premio, para que se purifiquen de su negligencia en desearlo: calma, Señor misericordioso, sus ansias y colma sus deseos, para que gocen pronto de tu presencia, y a nosotros concédenos amar de tal manera los bienes celestiales, que no deseemos desordenadamente los terrenos.
Día 9
El descanso eterno
Termina la novena con la esperanza que la sostiene: el cielo. Las almas del purgatorio son almas salvadas; su espera terminará en gozo. Nuestra oración apresura ese momento en que verán a Dios cara a cara.
No rezamos por ellos con tristeza sin esperanza, sino con la certeza de que un día nos reuniremos todos en la casa del Padre. Sigamos encomendándolos siempre: en el rosario, en la Misa, en cada aniversario.
Señor mío Jesucristo, cuyos méritos son infinitos y cuya bondad es inmensa: mira propicio a tus hijos que gimen en el purgatorio, y por tu misericordia y los méritos de tu Pasión sacratísima, libra a todas las almas que allí padecen, especialmente a aquellas que nos son más queridas y por quienes esta novena hacemos, y llévalas pronto a gozar de tu gloria.
Oración final para todos los días
Oración por un miembro de la familia
¡Oh Buen Jesús! El dolor y sufrimiento de los demás conmovía siempre tu corazón. Mira con piedad las almas de mis queridos familiares del Purgatorio. Oye mi clamor de compasión por ellos y haz que aquellos a quienes separaste de nuestros hogares y corazones disfruten pronto del descanso eterno en el hogar de tu amor en el cielo.
Oración por los padres difuntos
¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración de Santa Gertrudis
Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amén.
Oración final (usada al cierre de cada día, según ACI Prensa)
¡Oh Dios! Nuestro Creador y Redentor, con tu poder Cristo conquistó la muerte y volvió a Ti glorioso. Que todos tus hijos que nos han precedido en la fe (especialmente N...) Participen de su victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria donde Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.
María, Madre de Dios, y Madre de misericordia, ruega por nosotros y por todos los que han muerto en el regazo del Señor. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Se reza además cada día un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria por las benditas ánimas del purgatorio
Oraciones (señal, Acto de Contrición, Oración propia de la novena, oraciones propias de cada día, oraciones por los difuntos y de Santa Gertrudis, y oración final): texto tradicional de dominio público, transcrito verbatim de fuentes devocionales (https://www.aciprensa.com/recurso/962/novena-por-las-almas-del-purgatorio; https://www.aciprensa.com/recurso/963/primer-dia-de-la-novena-por-las-almas-del-purgatorio). Meditaciones: composición original de Rezo (la tradición no fija meditación diaria). Pendiente de revisión.