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Novena a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

Comienza 24 de ene.Fiesta 2 de feb.

La pequeña imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en Jalisco, es una de las devociones marianas más visitadas de México, meta de peregrinos de todo el país y del norte migrante. Se le atribuye desde el siglo XVII la resurrección milagrosa de una niña. Su gran fiesta es el 2 de febrero, la Candelaria.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Salutación de San Efrén de Siria

Dígnate, Virgen Santa, que tu siervo te alabe y diga Ave María. Ave, cándida Paloma: ave, fulgentísima Estrella: ave, Luz sobremanera hermosa. Ave, de los Serafines cántico: ave, de los Querubines himno: ave, alegría del género humano, pues tan poderosa eres, Señora, el perdón de los pecados nos alcanza. Amén.

Acto de Contrición

Oh Virgen María, Madre admirable de Dios, Abogada de los pecadores y Reina de los Ángeles: aquí tienes postrado a tus pies al mayor de los pecadores. Pues al Dios de la Majestad (a quien tú con tanto amor concebiste, diste a luz y criaste, y cuya imponderable hermosura ahora en el Cielo te llena de suma gloria y tiene arrebatadas las atenciones de todos los Santos y Ángeles, que temblando en su presencia no cesan de amarle) me atreví yo, gusanillo vil, a despreciar tan inmensa hermosura por un poco de nada, que es el pecado. Pésame, Señora, de mi ingratitud; ya propongo morir antes que pecar, y confío en tus amorosísimas entrañas de piadosa Madre que me alcanzarás el gozo de una eficaz gracia, en la cual persevere hasta la muerte. Amén.

Oración preparatoria

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha sabido que alguno que haya confiado en tu patrocinio e implorado tu ayuda haya sido desamparado. Animado yo con esta confianza, me acojo a ti, oh Madre, Virgen de las Vírgenes; a ti vengo, y con gemidos y ruegos me pongo en tu presencia. No quieras, oh Madre del Divino Verbo, despreciar mis palabras, sino dígnate propicia oírme y favorecerme. Amén.

Se reza a continuación la meditación propia del día.

Día 1

La niña de los volatineros

La tradición cuenta que, hacia 1623, la hija de unos volatineros murió al caer sobre unas dagas durante su acto. Una anciana indígena llevó la pequeña imagen de la Virgen, la puso sobre la niña, y esta volvió a la vida. Aquel milagro encendió la devoción.

Dios se acerca a los más frágiles: una niña de familia humilde, una imagen pequeña, una anciana sencilla. La grandeza de Dios brilla en lo pequeño y descartado.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos y divina Fénix, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra, inclina, oh Madre de misericordia, esos tus purísimos Ojos en mi alma: mírala, Señora, hecha a Imagen y semejanza de Dios, ahora tan envejecida por mis culpas, tan apolillada con los apetitos, tan deshecha con las pasiones: compadécete, Señora, de su ruina, y alcanza de Dios Nuestro Señor, que así como tu Santa Imagen, por ser Imagen tuya, quiso su Majestad se renovase por manos de los Ángeles, mi alma, por ser Imagen de Dios, se renueve por tu intercesión a los esmeros de la gracia, concediéndome también lo que te pido en esta Novena, si es para gloria de su divina Majestad, y bien de mi alma. Amén.

Día 2

Meta de peregrinos

San Juan de los Lagos recibe millones de peregrinos al año, muchos a pie desde lejanas rancherías. Van a cumplir mandas, a agradecer, a pedir. El camino mismo es oración: polvo, sol, cansancio ofrecido a la Madre.

Peregrinar es recordar que no somos de aquí para siempre: caminamos hacia la casa del Padre. La Virgen de San Juan acompaña ese caminar y lo bendice.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, Fuente de Luz, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra, vuelve a mí, oh Madre Soberana, esos tus misericordiosos ojos; compadécete de mí, que soy de aquellos que teniendo ojos no ven:. Y pues eres la Piscina, dame luz que deseo, para no tropezar con los engaños del mundo, para no caer en los lazos del demonio, ni perecer en los precipicios de la carne; y si este favor que te pido en esta Novena me conviene, y es del agrado de Dios, concédemelo, y si no, dame resignación perfecta en la divina voluntad. Amén.

Día 3

Los retablos de gratitud

Las paredes del santuario están cubiertas de exvotos: pequeñas láminas pintadas que narran accidentes superados, enfermedades curadas, peligros esquivados, siempre con la misma frase: «Doy gracias a la Virgen de San Juan.»

La gratitud pública es fe valiente. Contar lo que Dios ha hecho anima a otros a confiar. Recordemos hoy los favores recibidos en nuestra vida y demos gracias por ellos.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino del Cielo y Médica Soberana, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra: Inclina, ¡oh admirable Madre!, los ojos de tu misericordia a este enfermo concebido en flaquezas y miserias, lleno de dolencias en el alma y cuerpo, a Ti vengo a sanar, a Ti, que eres la Piscina de Siloé, que sanas paralíticos, a Ti, que eres el Jordán para los leprosos, el óleo para los heridos, generoso vino para los flacos, cordial para los tristes, pítima para los afligidos, confortativo para los pusilánimes, triaca magna por los mordidos de serpientes, antídoto para el mortal veneno, y general Médica y Medicina para todos los enfermos: Sáname, Señora, de todas mis enfermedades interiores y exteriores, y concédeme también el favor que en esta Novena te pido si ha de ser remedio para mi salvación; si no, concédeme lo que fuere del mayor agrado de Dios nuestro Señor. Amén.

Día 4

La Candelaria, su fiesta

Su gran fiesta es el 2 de febrero, la Presentación del Señor y la Candelaria: el día en que María y José llevaron al Niño al templo, y el anciano Simeón lo reconoció como «luz para alumbrar a las naciones».

Presentar al Niño en el templo es también presentarle nuestra vida a Dios. Como María, ofrezcamos lo que amamos, confiando en que en sus manos está seguro.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra, inclina, oh Madre de misericordia, los ojos de tu piedad a mis indignos ruegos, los cuales a tu clemencia claman; bien sé, Señora, que merecía ser desechado y tratado como perro, cual otra Cananea con Cristo tu Divino Hijo, pues por mis graves culpas he sido peor que jumento; pero tú, Piadosísima Madre, que no te desdeñas de favorecer aun a estos, dígnate de alcanzar de su Majestad la gracia, para merecer una migaja del Eucarístico Pan, al que tu amasaste y cociste al calor del Espíritu Santo en tu divino Vientre, para nuestra salud y vida eterna, y si el favor que te pido en esta Novena conduce a este fin, concédemelo, y si no, que se haga lo que fuere del divino agrado. Amén.

Día 5

Madre de los caminantes del norte

San Juan de los Lagos está en el corazón de la región de donde han partido tantos migrantes hacia el norte. Antes de cruzar, muchos van a encomendarse; al volver, van a agradecer. La Virgen viaja con ellos en la estampa y en la memoria.

La Madre no se queda en el santuario: acompaña a sus hijos en el desierto, en la frontera, en la tierra ajena. Encomendemos a todos los que están lejos de casa.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo Suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra; inclina, oh Madre de misericordia, esos luceros refulgentísimos de tus misericordiosos ojos; mírame, Señora, que naufrago en este tempestuoso mar del mundo, tragando las amargas aguas de los trabajos, combatido del viento de las tentaciones, y de las olas de las enfermedades, sin tener otra esperanza que en Ti, que como Estrella benigna me has de ayudar, para que no perezca y quedes sumergido en tanto golfo: Alcánzame, Señora, que al soplo suave de la gracia en la Nave de la Santa Iglesia, camine seguro a la Patria Celestial, y si el favor que te pido en esta Novena conduce a este fin, concédemelo, a mayor honra y gloria de Dios, y bien de mi alma. Amén.

Día 6

Salud de los enfermos

La devoción nació de una curación, y desde entonces los enfermos son huéspedes de honor en San Juan. A los pies de la pequeña imagen se dejan muletas, radiografías y promesas cumplidas.

La Virgen no siempre quita la enfermedad, pero siempre acompaña. Su presencia da fuerza al que sufre y a los que lo cuidan. Encomendemos hoy a nuestros enfermos por su nombre.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra, inclina, ¡oh Madre de misericordia!, esos tus divinos ojos a este indigno siervo, que en incendio de ira se abrasa, en llamas de concupiscencia se quema, y en brasas de apetito se arde: Compadécete, Señora, de mí, y haz que entre tan civiles llamas no me consuma, antes sí, quede tan purificado, sin tizne de culpa, que abrasado solo en el fuego del amor de Dios, camine seguro a la Patria Celestial, en donde espero lograr por tu intercesión los tesoros eternos, y, si para este fin conduce la gracia que te pido en esta Novena, concédemela a mayor honra de su Divina Majestad. Amén.

Día 7

Las mandas y las promesas

El pueblo le hace «mandas» a la Virgen: promesas de peregrinar, de rezar, de cambiar de vida a cambio de un favor. Cumplirlas es cuestión de honor y de fe. La palabra dada a la Madre se respeta.

Las promesas a Dios no son negocio, sino compromiso de amor. Cuando pedimos, ofrezcamos también algo que nos acerque a Él: más oración, más caridad, dejar un vicio.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra; arroja, ¡oh Madre del bellísimo amor!, las llamas de este volcán de tu caritativo Corazón al mío, para que a su calor se abrase, a su actividad se anime, y a sus apacibles truenos despierte del sueño en que los tres enemigos pretenden robar el Templo vivo de Dios, que es mi alma: ¡Ay Señora, no lo permitas! Mira, que en ella está el tesoro de la purísima Sangre de tu amado Hijo Jesús: Mira, que es la misma que tú le diste liberalmente en la Encarnación, con el fin de que la vertiese en raudales en la Cruz para nuestra dicha; acuérdate, Señora, que entonces con indecibles dolores aceptaste ser Madre de los hombres, y estos en cabeza del purísimo Apóstol San Juan son hijos y esclavos tuyos, obligados desde aquella hora a amarte y servirte: esta obligación, Señora, desde esta hora la revalido con todo mi corazón; y si para este fin conduce lo que te pido en esta Novena, alcánzamelo de su Majestad, a mayor honra y gloria suya y provecho de mi alma. Amén..

Día 8

Fe que une a las familias

A San Juan se va en familia, muchas veces varias generaciones juntas. La peregrinación se hereda: los abuelos enseñan a los nietos el camino, los cantos y las oraciones. La devoción teje los lazos familiares.

La fe compartida en familia es una de las mayores riquezas. Rezar juntos, peregrinar juntos, agradecer juntos: así se transmite lo que más importa.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra, inclina, ¡oh Madre de misericordia!, esos tus ojos refulgentísimos, a mí pecador, haz, Señora, que tus milagrosos rayos de luz inclinen y alumbren mi alma, para que registrando mi conciencia lo más oculto de mis culpas, horrorizado de mi fealdad; la procure limpiar con una verdadera confesión, y lavar con lágrimas de contrición; no permitas, Madre admirable, salga yo de tu presencia sin el logro de esta dicha, sin la riqueza de esta gracia, y si la que te pido en esta Novena conduce a este fin, concédemela a mayor honra y gloria de Dios y tuya. Amén.

Día 9

Pequeña imagen, gran Madre

La imagen mide apenas unos centímetros de caña de maíz, y sin embargo ha sostenido la fe de millones. Termina la novena ante esa pequeñez que enseña una gran verdad: Dios no necesita grandezas para hacer maravillas.

Volvamos a casa con su bendición y su ejemplo: hacer las cosas pequeñas con gran amor, seguros de que la Madre no falla a quien confía en ella.

Oh Inmaculada y siempre bendita, singular e incomparable Virgen MARÍA, Madre de Dios, Templo suyo muy agradable, Sagrario del Espíritu Santo, Puerta del Reino de los Cielos, por quien, después de Dios, vive todo el Orbe de la tierra; inclina a mí esos tus misericordiosos ojos, que no solo dan vida a los cuerpos, sino que introducen la mejor vida de la gracia a las almas: Compadécete de mí, Señora, que con mortales accidentes por instantes me acabo, y con continuas y mortales culpas me consuma, rodeado siempre de demonios, que como hambrientos leones me pretenden tragar. No lo permitas, Señora, líbrame de esta desgraciada muerte, que ya desde hoy te prometo dejar todas las ocasiones de culpas y solo aspirar con nueva vida a la consecución de la gracia, y si el favor que te pido en esta Novena me conviene para este fin, concédemelo por los méritos de tu Santísimo Hijo JESÚS nuestro Señor, que vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oración final para todos los días

Acción de gracias a Dios Padre

Te amaremos, Señor Dios nuestro, y bendecimos tu Santo Nombre, porque nos has colmado de bendiciones de tu dulzura, y de inmensas e innumerables misericordias en el tiempo de tu beneplácito, y voluntad, previniéndonos desde la eternidad, aunque indignísimos siervos tuyos: y en primer lugar, porque por la luz de tu Sabiduría, que estampases en nosotras, por el Don de Fe, y celestiales inspiraciones, te dignaste de darnos a entender cuán agradable y acepto es a tu Soberana Majestad, y a nosotros útil para nuestro remedio y salvación, amar con todo afecto y honrar y reverenciar con todo conato y fuerza del cuerpo, y del espíritu a la Santísima Virgen, Madre de tu Unigénito Hijo. Y para que así lo cumpliésemos, has entrañado en nuestros corazones un tiernísimo y filial amor a MARÍA, apacentándonos a los pechos de nuestra amantísima Madre la Iglesia sustentándonos con la purísima Leche de la Religión Católica; por esto hiciste que nuestros corazones fe alegrasen, cuando estando en tanto peligro e incertidumbre nuestra salvación, contemplamos con gozo increíble de nuestras almas este gran beneficio, como señal y prendas de nuestra predestinación, y comenzamos desde acá a gustar en dulce y regalada devoción los regalos y gustos de el Reino del Cielo. ¡Oh Padre de misericordias, y Dios de toda consolación! Confirma en nosotros esta confianza, que por Ti tenemos de MARÍA, Madre de misericordia, consuelo y refugio de afligidos: haz con poderoso brazo que ofreciéndonos de todo corazón a su servicio, no volvamos atrás ni desmayemos, sino que continuemos con lluvias abundantes de tus divinas gracias, por Jesucristo tu Hijo, a quien contigo, y con el Espíritu Santo sea alabanza, honra y gloria por toda la eternidad. Amén.

Salutación de San Efrén, Acto de Contrición, oración preparatoria, oraciones propias de cada día y acción de gracias: texto tradicional de dominio público de la novena a la Virgen de San Juan de los Lagos; las oraciones diarias, ya en trato de «tú», se transcriben verbatim (omitiendo citas eruditas en latín), y el Acto de Contrición y la oración preparatoria reciben una modernización ligera (vos → tú). Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

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