Novena a Santa Rosa de Lima
Santa Rosa de Lima (1586–1617) fue la primera santa de América, patrona del Perú, de las Américas y de Filipinas. Terciaria dominica, unió una intensa vida de oración y penitencia a un gran servicio a los pobres y enfermos en su propia casa. Su fiesta es el 30 de agosto; la novena se reza del 21 al 29.
Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.
Oración inicial para todos los días
Por la señal de la Santa Cruz.
Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre, Redentor mío, por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Animado con tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, para el perdón de mis pecados. Amén.
Oración preparatoria
Gloriosa Santa Rosa de Lima, tú que supiste lo que es amar a Jesús con un corazón tan fino y generoso, que despreciaste las vanidades del mundo para abrazarte a su cruz desde tu más tierna infancia, que profesaste una gran ternura y dedicación a los más desvalidos sirviéndolos como al mismo Jesús, que amaste con filial devoción a la Virgen María: enséñanos tus grandes virtudes para que, siguiendo tu ejemplo, podamos gozar de tu protección y de tu compañía en el cielo. Te rogamos también aceptes el obsequio de esta novena y nos obtengas del Señor las gracias que pedimos por tu intercesión, si son para su mayor gloria y bien de nuestras almas. Así sea.
Se reza a continuación la meditación propia del día y se piden las gracias que se desean obtener.
Día 1
La primera flor de América
Isabel Flores de Oliva nació en Lima cuando el Evangelio apenas echaba raíces en el Nuevo Mundo. La llamaron Rosa por su belleza. Sería la primera santa canonizada de todo el continente: la prueba de que la santidad podía florecer también en tierra americana.
La santidad no es cosa de otras tierras ni de otros tiempos: puede darse aquí y ahora, en cualquiera que se entregue a Dios. Rosa abrió el camino para todo un continente.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 2
Belleza para Dios
Rosa era hermosa, y muchos la pretendían. Ella prefirió consagrar su belleza a Dios, no por desprecio del mundo, sino por amor mayor. Cuidaba más el jardín interior del alma que el aplauso de afuera.
En una cultura obsesionada con la apariencia, Rosa recuerda que la verdadera belleza es la del corazón. Lo que Dios mira no se marchita, como sí se marchitan las rosas.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 3
La ermita del jardín
Rosa construyó con sus manos una pequeña ermita en el huerto de su casa, para retirarse a orar. No huyó a un convento lejano: santificó el hogar. Su claustro fue el jardín de su familia.
No hace falta un monasterio para tener vida interior: basta un rincón y un tiempo reservados a Dios. Cada casa puede tener su ermita, aunque sea una silla y quince minutos de silencio.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 4
«Cuando servimos a los pobres, servimos a Jesús»
Rosa atendía en su casa a enfermos, ancianos y niños indígenas abandonados. Se dice que fue una de las primeras en ejercer una especie de asistencia social en Lima. Su oración desembocaba siempre en servicio concreto.
La verdadera mística no aparta de los pobres: acerca a ellos. Quien de veras ama a Dios en la oración, lo reconoce después en el rostro del que sufre.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 5
La cruz abrazada
Rosa abrazó voluntariamente la penitencia y padeció además enfermedades y sequedades interiores. Vivió su propia frase: 'Fuera de la cruz no hay otra escalera por donde subir al cielo.' No buscó el dolor por sí mismo, sino la unión con el Crucificado.
No estamos llamados a imitar sus penitencias extremas, propias de otra época, sino su amor a la cruz: aceptar los sufrimientos inevitables de la vida uniéndolos a Cristo.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 6
Terciaria dominica
Rosa tomó el hábito de las terciarias dominicas, inspirada en Santa Catalina de Siena. Sin ser monja de clausura, vivió los consejos evangélicos en medio del mundo. La santidad laical: entregada a Dios sin dejar la vida ordinaria.
La mayoría estamos llamados a santificarnos así: en la familia, el trabajo y la ciudad, no fuera del mundo sino dentro de él, como levadura en la masa.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 7
Patrona de América y del Perú
Rosa fue declarada patrona del Perú, de toda América y de Filipinas. Una joven limeña, escondida en el huerto de su casa, se volvió madre espiritual de pueblos enteros. La humildad escondida tiene un alcance que no imaginamos.
Dios da fecundidad a las vidas ocultas ofrecidas por amor. Recemos por América, por el Perú, para que la fe sembrada por santos como Rosa siga dando fruto.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 8
Amiga de San Martín de Porres
En la misma Lima y en los mismos años vivieron Rosa y San Martín de Porres, unidos por la caridad a los pobres. Aquella ciudad fue cuna de varios santos a la vez: la santidad se contagia, se alienta entre amigos.
Nadie se santifica solo. Buenas amistades, buenos ejemplos, una comunidad que reza: todo eso ayuda a crecer. Pidamos amistades que nos acerquen a Dios y ser nosotros esa clase de amigos.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Día 9
Florecer donde Dios nos plantó
Rosa murió joven, a los treinta y un años, y su entierro conmovió a Lima entera. Su vida fue como la de una flor: breve, hermosa y entregada. Floreció plenamente en el pequeño huerto donde Dios la plantó.
Termina la novena con su ejemplo: no hace falta ir lejos ni vivir mucho para dar fruto. Basta florecer con amor allí donde Dios nos ha puesto, por escondido que sea.
Pídase la gracia que se desea obtener con esta novena.
Oración final para todos los días
Oración final
Te doy gracias, oh Señor, por la asistencia especial que me has prestado en esta novena. Continúa siempre tus misericordias sobre mí, a satisfacción de mis pecados, en sufragio de las almas del purgatorio y por la conversión de los pecadores. Perdóname todas las faltas que he cometido. Y juntando el poco bien que he hecho con los inconmensurables méritos de Jesucristo, concédeme por Él todas aquellas gracias que son necesarias a mi eterna salud, especialmente una plenaria remisión de la pena debida a mis culpas, que nuevamente lloro y detesto, resuelto como estoy de conducir en lo futuro una vida toda en conformidad a tus Santos Mandamientos. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Acto de Contrición, oración preparatoria y oración final: texto tradicional de dominio público de la novena a Santa Rosa de Lima, con modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros → tú), conservando el sentido y la estructura. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.