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Novena a Nuestra Señora de Fátima

Comienza 4 de may.Fiesta 13 de may.

En 1917, la Virgen se apareció seis veces a tres pastorcitos en Fátima, Portugal: Lucía, Francisco y Jacinta. Su mensaje — oración, penitencia y el rezo diario del rosario por la paz — sigue tan vigente como entonces. La novena se reza especialmente del 4 al 12 de mayo, antes de la fiesta del 13.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ofrecimiento para todos los días

Oh Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.

Oración preparatoria para todos los días

Oh Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de tu Inmaculado Corazón, trayéndonos mensajes de salvación y de paz: confiados en tu misericordia maternal y agradecidos a las bondades de tu amantísimo Corazón, venimos a tus plantas para rendirte el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente tu mensaje de amor, y la que te pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra tuya y provecho de nuestras almas. Amén.

(Aquí se pide la gracia que se desea alcanzar por esta novena.)

Día 1

Tres pastorcitos

Lucía tenía diez años; Francisco, nueve; Jacinta, siete. Cuidaban ovejas en la Cova da Iria cuando el cielo los eligió. Dios no buscó sabios ni poderosos: buscó niños pobres que sabían rezar.

El mensaje de Fátima empieza por ahí: para escuchar a la Virgen no hace falta ser importante, hace falta ser sencillo. Los pequeños entienden primero.

Señora de Fátima, danos un corazón de niño: sencillo para creer, y valiente para obedecer lo que Dios pide.

Día 2

El ángel que enseñó a orar

Un año antes de las apariciones, un ángel visitó tres veces a los pastorcitos y les enseñó a adorar: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo.» Les pidió oración y sacrificio por los que no creen, no adoran, no esperan y no aman.

Antes del mensaje vino la preparación. También nuestra vida de oración crece por etapas: primero aprender a ponernos ante Dios; después, todo lo demás.

Dios mío, creemos, adoramos, esperamos y te amamos; y te pedimos perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Día 3

La Señora vestida de luz

El 13 de mayo de 1917, sobre una pequeña encina, los niños vieron a una Señora «más brillante que el sol». Les pidió que volvieran cada día 13 durante seis meses, y les preguntó: «¿Quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviarles?» Respondieron que sí.

Toda vida cristiana pasa por esa pregunta. Decir sí a Dios sin condiciones es el corazón de Fátima — y la fuente de una alegría que los niños conservaron incluso en el sufrimiento.

Señora de Fátima, ayúdanos a decirle sí a Dios también cuando cuesta, confiando en que su gracia nos sostendrá.

Día 4

El rosario de cada día

En cada aparición, la Virgen repitió el mismo encargo: «Recen el rosario todos los días.» No pidió obras extraordinarias: pidió quince minutos diarios de oración con las cuentas en la mano.

Si la Madre de Dios vino del cielo a pedir precisamente eso, no es un rezo menor. El rosario diario es el regalo de Fátima a las familias: cabe en cualquier casa, en cualquier camión, en cualquier hospital.

Virgen del Rosario, danos la constancia del rosario diario, aunque sea una decena, y que él sostenga a nuestra familia.

Día 5

Penitencia y conversión

«Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.» Así resumió la Señora su petición más seria. Fátima llama a la conversión: dejar el pecado y ofrecer pequeños sacrificios por los pecadores.

Los pastorcitos ofrecían lo que tenían: el calor, la sed, las burlas. La penitencia que Dios prefiere no es espectacular: es cumplir el deber de cada día con amor y ofrecer sus molestias sin quejarse.

Señora de Fátima, enséñanos a ofrecer los sacrificios de cada día por la conversión de los pecadores, empezando por la nuestra.

Día 6

El Inmaculado Corazón de María

«Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios», le dijo la Virgen a Lucía. En medio de las guerras y miedos del siglo, el cielo ofreció un refugio: no un lugar, sino un Corazón de Madre.

Consagrarse al Inmaculado Corazón es mudarse a vivir ahí: pensar, decidir y amar bajo su cuidado. Es la respuesta de Fátima a la intemperie del mundo.

Inmaculado Corazón de María, sé nuestro refugio y nuestro camino hacia Dios; te consagramos nuestra familia y nuestro futuro.

Día 7

El milagro del sol

El 13 de octubre de 1917, ante unas setenta mil personas empapadas por la lluvia, el sol pareció danzar y precipitarse sobre la multitud. Creyentes y periodistas incrédulos lo vieron por igual. Dios confirmó con una señal pública lo que había confiado a tres niños.

La fe no vive de milagros, pero Dios sabe darlos cuando hacen falta. El mayor milagro de Fátima, decía Lucía, siguió siendo otro: los corazones que volvieron a Dios.

Señor, fortalece nuestra fe con la memoria de tus obras, y haz de nuestra vida cambiada la mejor señal para los demás.

Día 8

Francisco y Jacinta, santos niños

Francisco murió a los diez años; Jacinta, a los nueve. En su corta vida abrazaron el mensaje entero: Francisco quería «consolar a Jesús», y Jacinta ofrecía todo «por los pecadores y por el Santo Padre». La Iglesia los canonizó: son de los santos más jóvenes no mártires.

La santidad no espera a la edad adulta. Cualquier vida, por corta o escondida que sea, alcanza para amar del todo.

San Francisco y Santa Jacinta Marto, enséñennos a consolar a Jesús y a ofrecer nuestras pequeñas cruces con alegría.

Día 9

La paz, por María

Fátima habló en 1917, en plena guerra mundial, y prometió: «Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará.» La paz del mundo — dijo la Señora — está unida a la oración y a la conversión de los corazones.

Rezar por la paz no es un gesto vacío: es tomar parte en la batalla verdadera. Terminemos la novena encomendando a María la paz de nuestro país, de nuestras familias y de nuestro propio corazón.

Reina de la paz, alcanza la paz para el mundo, para nuestra patria y para nuestra casa; que tu Inmaculado Corazón triunfe en nosotros.

Oración final para todos los días

Oración final para todos los días

Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna: te suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. Amén.

V. Nuestra Señora del Rosario de Fátima.R. Ruega por nosotros.

Se rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oraciones fijas para todos los días, de dominio público: el Ofrecimiento es la oración de perdón que el Ángel de Fátima enseñó a los pastorcitos (1916) junto con su oración eucarística a la Santísima Trinidad; la Oración preparatoria y la Oración final (colecta tradicional del Santo Rosario) se transcriben de la novena a la Virgen de Fátima de ACI Prensa (aciprensa.com/recurso/1076), normalizadas a la forma «tú» de uso latinoamericano; la jaculatoria «Oh Jesús mío» es la oración del decenario de Fátima. Todas circulan sin autor moderno atribuido. Las meditaciones propias de cada día son composición original de Rezo sobre el relato de las apariciones. Pendiente de revisión.

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