Novena a San Peregrino Laziosi
San Peregrino Laziosi (1265–1345), fraile servita, es el patrono de los enfermos de cáncer y de las enfermedades graves. Padeció un cáncer en la pierna que iba a serle amputada; tras una noche de oración ante el crucifijo, amaneció curado. Vivió ochenta años sirviendo a los pobres y enfermos. Su fiesta es el 4 de mayo.
Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.
Oración inicial para todos los días
Invocación al Espíritu Santo
Ven, oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu divino amor. Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas. Y se renovará la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que te has dignado instruir los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, te pedimos que por este mismo Espíritu sepamos obrar rectamente y nos alegremos con su celestial consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Oración preparatoria
Señor mío Jesucristo, que deseas que San Peregrino sea invocado como Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras, y a quienes prometes curar por su intercesión. Te doy gracias, Señor, por tu compasión para la humanidad doliente y por concedernos tu misericordia por intercesión de tu siervo San Peregrino. Concédenos que sus ruegos ayuden a tantas almas que sufren afligidas en sus cuerpos el terrible mal del cáncer o de úlceras, y te encomiendo en especial (aquí se nombra a la persona o personas por quienes se reza en particular esta novena).
Benignamente dígnate, Señor, escuchar las súplicas de San Peregrino, así como las de tu Santísima Madre, Salud de los enfermos, en favor de aquellos que encomendamos a la compasión y amor de tu Sacratísimo Corazón. Dales paciencia para sufrir su aflicción y resignación a tu divina voluntad. Dales el consuelo que necesitan, especialmente la curación que tanto anhelan, si es tu santa voluntad. Concédenos que todos adoremos e imitemos tus sagrados dolores con verdadero amor, para que podamos merecer un día la recompensa eterna de estar contigo en la gloria, tú que vives y reinas con el Padre en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Se reza a continuación la oración propia del día.
Día 1
De rebelde a convertido
De joven, Peregrino militó contra la Iglesia y llegó a golpear a un fraile —San Felipe Benicio— que predicaba la paz. El fraile respondió ofreciéndole la otra mejilla. Aquel gesto de mansedumbre le cambió la vida: se convirtió.
La mansedumbre desarma más que la fuerza. Un solo gesto de perdón puede transformar un corazón endurecido. Ningún alejado de Dios está fuera de su alcance.
Oh glorioso San Peregrino, perfecto modelo de virtud, tú que tan prontamente respondiste al divino llamamiento dejando honores, comodidades y riquezas de este mundo, cuando postrado ante una imagen de María Santísima en la Catedral de Forlí implorabas su poderosa intercesión y fuiste llamado por Ella para que fueras su Siervo, obtenme, te lo suplico, que corresponda prontamente a todas las inspiraciones divinas, que, desprendido de todos los bienes y placeres de este mundo, esté siempre listo a cumplir su divina voluntad. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 2
La otra mejilla que convirtió
El gesto de San Felipe Benicio —recibir el golpe sin devolverlo— fue semilla de un santo. Peregrino nunca olvidó esa lección: el bien vence al mal, la paciencia gana lo que la violencia pierde.
Cuando alguien nos ofende, tenemos dos caminos: la venganza, que multiplica el mal, o la mansedumbre, que puede transformar. No siempre veremos el fruto, pero el bien nunca se pierde.
Oh venturoso San Peregrino, que por tu prontitud y fervor en responder al divino llamamiento mereciste recibir un ángel como guía en tu camino a Siena cuando ibas a rogar ser admitido entre los Siervos de María; obtenme, te lo suplico, que yo sea asistido por mi buen ángel en todos mis trabajos y sea iluminado, guiado y dirigido por él en mi camino a la vida eterna. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 3
Servita entre los pobres
Peregrino ingresó en la Orden de los Siervos de María y se distinguió por su servicio a los pobres y enfermos. Por penitencia, permanecía de pie siempre que no fuera necesario sentarse. Su santidad fue silenciosa y laboriosa.
La caridad concreta con los que sufren es camino seguro de santidad. Antes de ser el enfermo sanado, Peregrino fue el sano que servía a los enfermos. Amar precede a ser amado.
¡Cuán acepto al cielo, oh glorioso San Peregrino, fue el sacrificio que hiciste de tu alma y cuerpo a Dios, abrazando la pobreza evangélica en la vida religiosa, renunciando a tu propia voluntad y a los placeres sensibles! Dios se dignó demostrarte cuán aceptado había sido este renunciamiento tuyo cuando, recibiendo la sagrada librea de Siervo de María, milagrosamente se vio sobre tu cabeza una bola de fuego, emblema de la eminente santidad con que brillarías en la Iglesia de Jesucristo. Obtenme, te lo ruego, ¡oh gran santo!, participar de este santo fuego, que consuma en mí todo afecto terrenal para que yo pueda desear y buscar sólo el amor de mi Dios. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 4
La enfermedad
Ya anciano, Peregrino desarrolló un cáncer en la pierna. El dolor era terrible y los médicos decidieron amputar. Conoció en su carne lo que hoy padecen tantos: el diagnóstico grave, el miedo, la cercanía del quirófano.
Por eso entiende a los enfermos desde dentro. No intercede desde lejos: sabe lo que es el dolor físico, la angustia de la enfermedad, la noche de insomnio. Es hermano de los que sufren.
¡Oh San Peregrino, fiel Siervo de María, cuán generosamente perseveraste en el verdadero camino de la virtud y de la santidad! Constante en la oración, rígido en el ayuno y la abstinencia, austero para domeñar tu cuerpo, fuiste para tus hermanos ejemplo viviente de penitencia. Arrepentido una vez por todas de los pecados de tu juventud, aborreciste el pecado, mereciendo vivir siempre puro hasta el fin de tus días en la tierra. Pueda yo imitarte, ¡oh glorioso santo!, y, sinceramente arrepentido de mis graves pecados, obtenme por tu intercesión, de mi Dios, misericordia y perdón y la gracia de no perecer bajo el imperio de mis bajas pasiones; que, constante en mis resoluciones, sirva siempre a mi Dios para continuar fiel hasta la muerte y merecer la corona de la vida eterna. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 5
La noche ante el crucifijo
La víspera de la amputación, Peregrino pasó la noche en oración ante el crucifijo. En un momento de sueño o de éxtasis, sintió que Cristo bajaba de la cruz y le tocaba la pierna enferma. Al despertar, estaba curado.
La oración ante el Crucificado no siempre trae curación física, pero siempre trae gracia. Peregrino nos enseña a llevar la enfermedad ante Cristo y a confiar, pase lo que pase, en su amor.
Humilde San Peregrino, grandes en verdad fueron tus méritos cumpliendo rigurosamente los más serviles deberes para con tus hermanos. No habrías llegado a la dignidad sacerdotal si no hubieras tenido que cumplir, por el voto de obediencia, la orden de tus superiores. Obtenme, te lo suplico, verdadera humildad de corazón para que, libre de los honores y placeres del mundo, mi vida pueda esconderse con Cristo en Dios y sea así digna de su gracia y gloria en el Cielo. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 6
Patrono de los enfermos de cáncer
Por su curación, San Peregrino es invocado especialmente por los enfermos de cáncer y de males graves. Ante su imagen se reza por diagnósticos, tratamientos, cirugías y por la fuerza para atravesar la enfermedad.
Pedir la salud es legítimo y bueno. Dios quiere nuestra vida y nuestra salud. Encomendemos hoy, por su nombre, a los enfermos de cáncer que conocemos, y a todos los que hoy luchan por su vida.
¡Oh San Peregrino, cuya paciencia fue tan admirable que sufriste, sin murmurar jamás, las contradicciones e insultos de los hombres, y, no contento con tus rigurosas penitencias, pedías al Señor mayores sufrimientos, que soportaste en silencio: el agudo dolor de una úlcera incurable dada por Dios como respuesta a tus muchas oraciones y peticiones por sufrimientos! ¡Cuán amorosamente nuestro Creador recompensó tu fe y largos sufrimientos, cuando en un milagro, como jamás se había oído, te curó esa cruel úlcera tocándola con su divina mano! Otórgame, te lo suplico, que yo también practique la paciencia y mortifique mis sentidos como expiación por mis pecados y así pueda participar de aquellos consuelos que tú ya gozas en el paraíso eterno. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 7
El sentido del sufrimiento
No todos son curados como Peregrino, y él lo sabía. Antes de sanar, ofreció su dolor unido al de Cristo. La fe no siempre quita la enfermedad, pero le da un sentido: unida a la cruz, se vuelve fecunda.
Ofrecer el sufrimiento no lo hace agradable, pero lo hace útil: por los seres queridos, por los pecadores, por la Iglesia. El enfermo que ofrece su dolor con amor es un tesoro escondido para el mundo.
Oh bendito apóstol San Peregrino, lleno de celo por la conversión de los pecadores e incansable predicador de la palabra divina, tú que llevaste tantas almas al camino de la penitencia, promoviendo la gloria y honor de Dios en todo el mundo, y a quien el Señor se dignó confirmar con estupendos milagros. Obtenme, te lo suplico, que, no contento con trabajar para mi propia salvación, pueda también hacerlo para la santificación de otras almas por medio del buen ejemplo, constante oración, buenos consejos y apostolado incansable. ¡Qué feliz sería si yo pudiera extender la gloria de Dios en la tierra y así tener mi parte contigo y con todos los santos en la eterna gloria! Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 8
Los que cuidan a los enfermos
Alrededor de cada enfermo hay quienes cuidan: familiares agotados, médicos, enfermeros, voluntarios. Peregrino, que fue enfermo y también cuidador de enfermos, intercede por unos y por otros. Cuidar es una forma alta de amor.
El cuidador también se cansa y necesita fuerza. Pidamos hoy por los que velan noches, cargan cuerpos, sostienen ánimos. En ellos, muchas veces, se hace visible la ternura de Dios.
Oh Dios, que diste a San Peregrino un ángel por compañero, a María Santísima por Maestra y a Jesús por médico de su terrible enfermedad, otórganos, te lo pedimos, por los méritos de San Peregrino, que amemos ardientemente aquí en la tierra a nuestro ángel custodio, a nuestra Madre Inmaculada y a nuestro Divino Salvador, para en el Cielo bendecirlos por toda la eternidad. Te lo suplicamos por los méritos de Jesucristo Señor nuestro. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Día 9
Ochenta años de servicio
Curado, Peregrino vivió aún muchos años, sirviendo a los enfermos hasta morir cerca de los ochenta. Su curación no fue para descansar, sino para seguir amando. Termina la novena ante este santo que convirtió su salud en servicio.
Recibida una gracia, la respuesta es la gratitud hecha servicio. Si Dios nos concede salud, que sea para hacer el bien. Y si nos pide llevar la enfermedad, que San Peregrino nos alcance fuerza y paz.
Oh Dios Todopoderoso, benigno escucha las plegarias que te elevamos en honor de San Peregrino, tu amante siervo y patrón de los que padecen de cáncer, para que nosotros, que no podemos confiar en nuestros propios méritos, podamos recibir tu misericordioso auxilio en nuestras necesidades por la intercesión de tu Siervo, cuya vida fue tan entregada a ti. Te pedimos esta gracia por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Concluir con las oraciones finales.
Oración final para todos los días
Oración a Nuestra Madre Dolorosa
Oh mi muy amada Madre María, Madre de los Dolores, mírame, soy tu hijo, postrado en oración a tus pies. He venido a suplicarte este favor especial por intercesión de tu fiel Siervo San Peregrino. (Se hace la petición.) Oh Madre Dolorosa, te ruego presentes mi petición a tu Divino Hijo. Si tú intercedes por mí, no la rechazará. Yo sé, mi buena Madre, que tú deseas que yo acepte en todo la voluntad de Dios. Por esto, con confianza de hijo, me abandono a la santa voluntad de Dios. Si lo que pido no conviene que me sea concedido, hazme digno de recibir aquello que sea de mayor beneficio a mi alma. Dulce Madre Dolorosa, yo te amo, yo pongo toda mi confianza en ti, pues tus ruegos ante Dios son muy poderosos. Por la mayor gloria de Dios, en nombre de Cristo y por intercesión de San Peregrino, a quien tú llevaste a la santidad, óyeme y concédeme lo que te pido. Amén.
Oración a San Peregrino
Oh San Peregrino, a quien la Santa Madre Iglesia ha declarado Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras, vengo con gran confianza para que me ayudes en la presente enfermedad (se nombra). Mira qué afligido en el cuerpo y en el alma; ya mi valor comienza a decaer y la impaciencia y la tristeza me oprimen; por eso te ruego intercedas por mí, Buen San Peregrino, pídele a Dios me alivie de esta enfermedad si es su Santa Voluntad. Aboga ante la Santísima Virgen de los Dolores, a quien tú amaste tan tiernamente y en unión de quien sufriste los dolores del cáncer, para que ella me ayude con su poderosa súplica y dulce consuelo.
Mas, si es la voluntad de Dios que yo sufra esta enfermedad, obtenme valor y fortaleza para aceptar con resignación y paciencia todas estas pruebas de la amorosa mano de Dios. Puedan estos sufrimientos llevarme a una vida mejor y me permitan expiar mis pecados y los pecados del mundo. San Peregrino, ayúdame a imitarte en tu sufrimiento, a unirme a Jesús Crucificado y a su Madre Dolorosa y a ofrecer mis penas y dolores a Dios con todo el amor de mi corazón para su gloria y la salvación de las almas, especialmente de la mía. Amén.
Invocación, oraciones preparatorias, oraciones propias de cada día y oraciones finales: texto tradicional de dominio público de la novena a San Peregrino, con modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros → tú) y corrección de erratas evidentes de la fuente, conservando el sentido y la estructura. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.