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Novena a Nuestra Señora de Lourdes

Comienza 2 de feb.Fiesta 11 de feb.

En 1858, la Virgen se apareció dieciocho veces a Santa Bernardita Soubirous en la gruta de Massabielle, en Lourdes. Allí brotó el manantial junto al que millones de enfermos y peregrinos han encontrado consuelo y salud. Novena especialmente indicada para pedir por los enfermos; su fiesta, el 11 de febrero, es la Jornada Mundial del Enfermo.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz.

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas; humildemente postrado ante tu divina majestad, te pido me perdones todas las ofensas e ingratitudes que he cometido contra ti. Conozco, Señor, que soy indigno de parecer ante tu presencia; por lo cual vengo a ti por medio de tu amantísima Madre, a la que ruego interceda por mí, para alcanzarme el perdón de los pecados que yo de corazón aborrezco, y propongo con tu gracia no volver a cometer. Amén.

Oración preparatoria para todos los días

¡Oh María Inmaculada, Santísima Virgen de Lourdes! Deseando hacer esta novena con la mayor devoción de mi alma, y responder al llamamiento que, en la persona de la humilde Bernardita, has hecho a todos tus hijos, me postro a tus pies para escuchar con atención tu voz, exponerte mis necesidades y solicitar tus amorosos cuidados. No me deseches, Madre mía, a pesar de mi indignidad; atiende únicamente al arrepentimiento que tengo por haber afligido tu maternal corazón y renovado la pasión de tu amantísimo Hijo, y acude en mi ayuda durante esta santa novena, en la cual me propongo purificar mi alma y conseguir por tu intercesión el favor especial que solicito de la Divina Majestad, y dar gracias a la misma por todos los beneficios recibidos (y especialmente por el que es motivo de estos obsequios). Amén.

Se reza a continuación la oración propia del día.

Día 1

Bernardita, la más pequeña

Bernardita Soubirous tenía catorce años, no sabía leer, padecía asma y su familia vivía en un antiguo calabozo por no poder pagar otra cosa. A ella eligió la Virgen. «Escogió a la más ignorante», decía Bernardita; «si hubiera habido otra más, la habría escogido a ella.»

Dios mira lo que el mundo descarta. Ninguna pobreza — de dinero, de salud, de estudios — nos deja fuera de su predilección.

Reina Inmaculada que, apareciendo personalmente cual majestuosa Señora en la gruta de Lourdes, honraste con tu benigna mirada y con la comunicación de tus secretos a la pobre y enfermiza Bernardita, tanto menos estimada de los hombres por la falta de toda cultura, cuanto más acepta a ti por el candor de su inocencia y el fervor de su devoción; obtén para nosotros la gracia de que, poniendo siempre nuestra gloria en hacernos gratos al Señor con una vida enteramente conforme a nuestros deberes, nos hagamos al mismo tiempo merecedores siempre de tus especiales bendiciones. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 2

La gruta de Massabielle

El 11 de febrero de 1858, mientras recogía leña, Bernardita oyó un rumor como de viento y vio en la gruta a una Señora joven, vestida de blanco, con una rosa dorada en cada pie y un rosario en las manos. Sin decir palabra, la Señora se persignó con ella y dejó correr las cuentas del rosario.

La primera lección de Lourdes fue sin palabras: la señal de la cruz bien hecha y el rosario rezado despacio. Por ahí empieza toda oración.

¡Oh Virgen de Lourdes, escogida por Dios para ser Madre de Jesús, Tesorera de las divinas gracias, refugio y abogada de los pecadores! Postrado humildemente a tus pies te suplico seas mi guía y salud en este valle de lágrimas, porque nada puedo ni debo hacer sin ti. Alcánzame de tu divino Hijo el perdón de mis pecados, la perseverancia en el bien y la salvación de mi alma, para ser eternamente feliz y dichoso en tu dulce compañía en las mansiones de la gloria. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 3

«Yo soy la Inmaculada Concepción»

Cuando el párroco exigió que la Señora dijera su nombre, ella respondió en el habla de Bernardita: «Yo soy la Inmaculada Concepción.» La niña repitió la frase por el camino para no olvidarla: no sabía que cuatro años antes el Papa había proclamado ese dogma.

María es la criatura sin sombra de pecado, la prueba de lo que la gracia de Dios puede hacer en un ser humano. Mirarla no desanima: anuncia lo que Dios quiere también para nosotros, limpios de corazón.

¡Oh Virgen de Lourdes y Madre mía, vida y esperanza de los huérfanos, áncora de los náufragos, salud de los enfermos y consuelo de los que agonizan y mueren! ¡Oh Madre mía! Después de Dios, Tú eres y serás mi única esperanza en las tentaciones y peligros, en la vida y en la hora de mi muerte. No me dejes, ¡oh María! Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 4

El agua que brota de la tierra

«Ve a beber a la fuente y a lavarte en ella», pidió la Señora. No había fuente: Bernardita escarbó el barro con sus manos ante las risas de la gente, y del lodo brotó un manantial que no ha dejado de correr desde 1858.

Así trabaja la gracia: pide gestos humildes que parecen ridículos, y de ellos hace brotar vida. El agua de Lourdes no es magia; es signo del bautismo y de la humildad que abre camino a Dios.

¡Oh Virgen purísima de Lourdes, vida de mi alma, alivio de mis penas, suavidad y dulzura de mis aflicciones! A las puertas de tu corazón, ¡oh Madre mía!, llama este pecador enfermo, cuyo dolor, en este momento, es tan grande como sus pecados; compadécete de él, no lo deseches, míralo con ojos de compasión. Sánalo, como Jesús a los leprosos. Cúrame para que alabe a Dios eternamente. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 5

Penitencia, penitencia, penitencia

«Penitencia, penitencia, penitencia», repitió la Señora, y pidió: «Rueguen a Dios por los pecadores.» Lourdes no es solo consuelo: es llamada a la conversión, a cambiar lo que en nuestra vida ofende a Dios.

La penitencia cristiana no es tristeza: es el trabajo alegre de quien limpia la casa porque espera visita. Y la visita es Dios mismo.

¡Oh Virgen de Lourdes y Reina de los ángeles, en cuyos ojos centellea la fe que abrasa tu espíritu! Enséñame a creer; pero a creer obrando, porque la fe sin obras es muerta; y llenos de creyentes, que no obraron conforme a sus creencias, están los calabozos del infierno. Ayúdame a creer la palabra divina y a obrar como Dios y la Iglesia me mandan creer y obrar; pues la fe es luz y antorcha que ilumina mi alma y la conduce por la senda de la eterna bienaventuranza. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 6

Los enfermos, primeros en Lourdes

En Lourdes los enfermos no van al final de la fila: van al frente. Las camillas ocupan el primer lugar en las procesiones, y miles de voluntarios los sirven como a señores. Algunos sanan del cuerpo; muchísimos más sanan del miedo, del rencor o de la desesperanza.

Hoy pongamos nombre a nuestros enfermos y llevémoslos, en la oración, hasta la gruta.

¡Oh Virgen de Lourdes y Virgen de las vírgenes, azucena candidísima, tórtola inmaculada, paloma sin hiel! Tú, que fuiste concebida sin pecado; tú, que tanto amas la castidad y tanto quieres a tus hijos, ten compasión de mí y líbrame de esta ponzoñosa concupiscencia que me sumerge en un mar de pecados. Alcánzame de tu Hijo la gracia de la castidad para vivir en la tierra como los ángeles del cielo. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 7

Creer sin ver

«Yo no estoy encargada de hacérselo creer; estoy encargada de decírselo», respondía Bernardita a los interrogatorios. Los médicos la examinaron, la policía la amenazó, los curiosos la acosaron. Ella nunca cambió una coma de su relato ni sacó provecho alguno.

La fe se apoya en testigos así: sencillos, firmes, desinteresados. Que nuestra palabra sea igual de limpia cuando nos toque dar razón de lo que creemos.

¡Oh Virgen de Lourdes y soberana Emperatriz de los cielos, que, por amor a la pobreza, te sujetaste a todas las privaciones y escaseces de los pobres de espíritu!, enséñame a despreciar las demasías y regalos, e inspírame amor y compasión a los pobres para conseguir con la limosna el reino de los cielos. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 8

Las velas y la procesión

Cada noche, miles de peregrinos recorren la explanada de Lourdes con velas encendidas, cantando el Ave María. Es la Iglesia en imagen: una multitud de luces pequeñas que, juntas, vencen la noche.

Nadie reza solo en Lourdes, y nadie reza solo nunca: la oración de cada uno se une a la de toda la Iglesia. Nuestra vela también cuenta.

¡Oh Virgen de Lourdes, ejemplar sublime de obediencia, que haciéndote esclava del Señor y humillándote hasta vivir sin propia voluntad, mereciste que te llamasen bendita todas las generaciones! Enséñame y ayúdame, como a la niña Bernardita, a ser obediente hasta la muerte, porque la obediencia es mejor que los sacrificios, y el que sigue obedeciendo a Dios conseguirá llegar hasta el cielo. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Día 9

María, salud de los enfermos

Bernardita se hizo religiosa y murió a los treinta y cinco años, enferma y escondida, repitiendo: «Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora.» Su cuerpo descansa incorrupto en Nevers. La que vio a la Inmaculada no pidió privilegios: pidió rezar.

Terminamos la novena como ella: con el Ave María en los labios y la confianza de que la Madre escucha. La gruta queda abierta — en Lourdes y en el corazón.

¡Oh Virgen de Lourdes, Reina de los mártires y consuelo de los afligidos! Por la heroica paciencia que resplandeció en todos los actos de tu vida mortal, desde Belén al Calvario, desde la Profecía de Simeón hasta que te arrancaron de los brazos el cadáver ensangrentado de tu divino Hijo, ten misericordia de mí y ayúdame a sobrellevar con cristiana resignación el peso de las cruces que el Señor tenga a bien enviarme, para labrar mi eterna felicidad en la gloria y vivir en tu dulce compañía por todos los siglos. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena.

Oración final para todos los días

Oración final para todos los días

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, sino líbranos de todos los peligros, ¡oh siempre Virgen gloriosa y bendita!

V. Ruega por nosotros, ¡oh Virgen de Lourdes!R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

Oración

¡Oh Dios eterno y compasivo! Concédenos la gracia de vivir santa y cristianamente, venerando a la Virgen Santísima de Lourdes, para que seamos dignos de su intercesión en la vida y en la hora de la muerte. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Oración inicial (Acto de Contrición y oración preparatoria), oraciones propias de cada día y oración final: texto tradicional de dominio público de la novena a Nuestra Señora de Lourdes (fuentes: devocionario.com, catholic.net, aciprensa.com), con una modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros → tú), conservando el sentido y la estructura. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

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